Let’s do it!!!

Si miro a mi alrededor casi todo el mundo que conozco tiene trabajos básicamente mentales o, por llamarlos de algún modo, no-productivos. Quiero decir, hay vendedores, informáticos, economistas o abogados, pero ninguno de nosotros “hace” nada. No creamos. No vemos resultado físico de nuestro esfuerzo más allá de un estado de cuentas o un disco duro lleno. Bueno, vale, y la nómina a final de mes, porque si no… de qué.

Paralelamente, también he ido viendo como nacía un movimiento llamado DIY (Do It Yourself o hazlo tú mismo), como aparecían mil blogs de gente aficionada a la cocina, a las manualidades, a los huertos urbanos, a la jardinería e incluso me parece vislumbrar a mi alrededor un repunte del maquetismo y modelismo. Hay quien lo achaca a la crisis y a la necesidad de ahorrar, por aquello que si te lo haces tú mismo no te lo tienes que comprar. A esos les diría yo que se fuesen a comprar dos ovillos de lana y que luego me lo vuelvan a explicar. Por el precio de dos ovillos de lana me compro cuatro bufandas en los chinos y no las tengo que hacer, pero voy, pago una pasta por mis ovillos de lana super-chunky y me paso dos tardes haciéndome una bufanda mega molona que no me quito ni para dormir y de la que voy proclamando como una idiota “¡mira, la he hecho yo!”.

Lo estáis viendo, ¿verdad? Para mí la asociación causa-efecto está bastante clara: Como personitas necesitamos crear, hacer, construir, necesitamos usar las manos y generar “cosas”, resultados tangibles.

Por otra parte, hacer esto a muchos nos sirve de “freno mental”. Nos ponemos a hacer lo que sea, nos concentramos en cortar cebollas o en darle al martillo y se nos olvida el resto del mundo, dejamos de darle vueltas a los problemas, a las facturas y a los marrones pendientes.

Creo que una de las formas más fáciles de satisfacer esa necesidad está en la cocina. Es accesible, puedes empezar sin tener ni puñetera idea y es muy resultona. Además es doblemente gratificante, sacia la necesidad de crear y nuestra gula. Si además incluye chocolate para más de uno/a puede convertirse en droga terapéutica (legal y sin receta). Si encima la receta es sana y nos permite salir de casa bien desayunados, empieza a parecer mentira de bueno que es ¿verdad? Pues todo este sinfín de ventajas lo podéis conseguir en menos de media hora en la cocina y sin manchar demasiado.

Os propongo hacer unas barritas de avena y plátano para desayunar, que os darán energía para toda la mañana. Encontré la receta en Pinterest y ya las he hecho dos veces. Estas son las que me he zampado hoy:

Vale, sí, creo que las mías llevan más cacao de la cuenta.
Vale, sí, creo que las mías llevan más cacao de la cuenta.

La receta:

Barritas de avena y plátano.

Ingredientes (si todo es bio mejor, claro):

  • 2 ½ tazas de copos de avena
  • ⅓ taza de azúcar moreno (y si es del blanco tampoco va a pasar nada…)
  • 1 cucharadita de levadura
  • 2 cucharaditas de cacao en polvo
  • ¼ cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla (o canela, o lo que os parezca bien)
  • ½ taza de leche de almendras (o de vaca, o de la que tengáis)
  • 1 huevo
  • 3 plátanos muy maduros
  • ¼ taza de mantequilla de cacahuete (o tahini para los que hacéis hummus de vez en cuando)
  • ⅓ taza de pepitas de chocolate.

Utensilios:

  • Una bandeja de unos 20×20 cm
  • Un bol más bien grande
  • Batidora o robot de cocina (o un tenedor y algo de paciencia)

Preparación:

  • Precalentad el horno a 175º. Untad una bandeja con aceite o mantequilla.
  • Mezclad bien todos los ingredientes secos (menos las pepitas de chocolate) en un bol.
  • Aplastad los plátanos (o como hago yo pasadlos por la batidora) y mezclad con el huevo batido y el resto de ingredientes líquidos (puede ser con la batidora también).
  • Mezcladlo todo. ¿Puede ser con la batidora? Excepto si no es un robot de cocina que le podáis poner el accesorio de amasar, mejor que no. Pensad que si lo hacéis con la batidora o con un accesorio cortante pulverizaréis los copos de avena y se convertirían en harina de avena. Y no, no mola.
  • Cuando ya esté todo bien mezclado añadid las pepitas de chocolate, mezclad un poco más, suavemente, y vertedlo en la bandeja.
  • Al horno unos 20 minutos (solo por abajo, a la misma temperatura, la bandeja en el medio del horno).
  • Dejad enfriar bien y cortadlo en porciones. Guardadlo en un tuper con un papel de cocina que absorba la humedad (porque seguro que como sois unos ansias no está frío del todo y condensará).

Si os animáis ya me diréis y si lo vuestro es otra cosa, pues ya me diréis también, que espero ir hablando de muchas cosas por aquí, ¡no solo de recetas de cocina!

Era algo que tarde o temprano tenía que pasar.

Siempre he sabido que iba a tener un blog. De cocina, de huertos urbanos, de herboristería, de manualidades, de ecología… o de todo un poco, como éste.

Será porque me acerco peligrosamente a los cuarenta, será porque no me quedaba otra, últimamente he decidido tomar un poco más firmemente la riendas de lo que quiero hacer con mi vida y dejar de buscarme excusas para hacer lo que tengo que hacer. Y sí, esto es algo que tenía que hacer.

No os preocupéis por el título del blog, no voy a empezar a daros discursos sobre el daño que le hacemos al planeta cada vez que tiramos de la cadena. Este “eco” habla de ecología, sí, pero sobre todo de ecosistema, del nuestro, en el que vivimos nosotros, personitas acostumbradas a ser autosuficientes siempre que tengan nuestra marca preferida de pan de molde en el súper y haya internet cerca.

Vamos a ver si podemos sacarle algo más de provecho a este ecosistema que nos ha tocado, vamos a intentar ser más ecosuficientes.

Marisa, la niña autosuficiente ecosuficiente. 😉