Antes muerta que sin tortitas.

Antes muerta que sin tortitas

¡Buenas!

Hoy hacemos un poquito de intrusión bloguera para contaros cómo hacemos tortitas buenas, bonitas, baratas y sanas.

Vamos a hacer tortitas de avena. Un desayuno/merienda/lo que queráis que se puede hacer rápidamente con pocos ingredientes.

Antes que nada os doy la bienvenida a las recetas que me gusta calificar de “como te dé la gana” porque hay tantas maneras de hacerlas y tantas combinaciones posibles que lo que voy a hacer es contaros cómo las hago yo pero añadiendo las posibles opciones.

Los ingredientes son:

  • 1 huevo. Los más “healthy” os dirán que 5 claras de huevo mejor pero a mí me gusta más un huevo entero porque tampoco supone una pérdida de “objetivo operación bikini” muy importante y me gusta más.
  • 2 cucharadas de harina de avena. Podéis usar harina normal, claro, pero en este caso sí que perdemos parte del “healthy” de nuestra receta porque la harina de avena no solo es una fuente de hidratos de carbono de absorción lenta (es decir, más energía a largo plazo y más sensación de saciedad) sino que además contiene mucha proteína y ayuda a reducir el colesterol y el tiempo de discurso de vuestro (pesado) médico sobre el mismo. Todo ventajas. “¡Pero es que la harina de avena es muy cara y has dicho que esto iba a salir barato!”  Tenéis toda la razón del mundo. Por cosas del destino (por así decirlo) alguien decidió que a nadie se le iba a ocurrir una manera de hacer harina de avena y que por eso podía permitirse el lujo de que esta fuera tan cara. Pues bien, mis rebeldes, os diré es que es tan sencillo como comprar un paquete de avena normal en copos y molerla en un molinillo o triturarla. Yo meto unas 5  cucharas de copos en mi batidora de vaso, la trituro, uso la que necesito y guardo el resto. Y… ¡tachán!
  • 3 cucharadas de leche de almendras.Más de lo mismo. Podemos usar leche normal pero en ese caso recomiendo usar leche desnatada que contiene menos grasa. Yo utilizo leche de almendras, de arroz o de soja y lo hago más por la lactosa que por la grasa que contenga. No porque sea intolerante a la lactosa sino porque esta es un nutriente difícil de digerir y, por lógica:  más trabajo para el estómago, más pesados nos sentimos, mal, “no me gusta”, error de sistema, no es bien, no quiero.  No me gustaría alargarme mucho con el tema de la lactosa pero solo pensad que somos el único animal que sigue tomando leche después de la etapa de lactancia y que ahí fuera hay alimentos que, sin lactosa, contienen tanto o más calcio que la leche.
  • 1 sobre de Stevia.  No, si al final me haré más pesada que mi amiga la lactosa. Podéis usar cualquier tipo de edulcorante que queráis (Stevia, sacarina, etc.) y de la manera que más os guste (polvo o líquido). Yo uso Stevia en polvo porque es más natural (seguimos en modo “healthy”) y porque cunde más que la Stevia líquida. Obviamente podéis usar azúcar normal (1 cucharadita o más dependiendo de cuánto os guste el dulce) pero si usáis azúcar moreno, es decir, no refinado o miel pues mejor que mejor.

Preparación:

Ahora mismo os podría decir que ya. Ya está. Lo ponemos todo en un recipiente, removemos con un tenedor o batidora de mano hasta que la mezcla quede homogénea y cocinamos en una sartén bien caliente previamente engrasada con un poquito de aceite de oliva. No nos pongamos “tiquis” con el aceite porque estoy hablando de enseñarle el aceite a la sartén. Presentárselo así por encima. Hola y adiós.

Ingredientes extras, opcionales o “como te dé la gana”:

La cuestión es que así nos saldrán unas tortitas más sosas que Miércoles (nuestra querida borde/guay pero sosa niña de la familia Adams), Y ESO NO porque no hemos venido aquí a ser sosos, ASÍ QUE podemos echarle algo de lo siguiente:

  • 1 cucharadita de cacao desgrasado. Vale, es quizá lo más caro de encontrar pero pensad que vais a comprar un bote que os va a cundir muchísimo porque el cacao desgrasado es amargo y por eso usaremos poquita cantidad. Que no “panda” el “cúnico” al leer “amargo” porque en caso de poner cacao desgrasado podemos añadir un poquito más de nuestro edulcorante natural y solucionado. Pensad en la idea de comer chocolate sin sentirse culpable. Paraíso ¿verdad?
  • Una pizca de canela. O mucha y convertir nuestras tortitas en “El reto de las tortitas de canela”. Opción para valientes.
  • Fruta, frutos secos, sirope de arce, etc. Una vez cocinadas (normales o de chocolate) podemos añadir aquello que más nos guste o que más nos apetezca (incluso podemos incluir nueces picadas a la masa una vez removida y cocinar). Al fin y al cabo esta es una receta “como te dé la gana” y, según esto, bastan un par de ingredientes y un poco de imaginación para hacerte un plato riquísimo y sano.

Por último nos quedará echarle un poco de amor y cariño y disfrutar de un desayuno muy rico, rápido de hacer, barato y, sobretodo, sano y energético.

Anna Martín escribe habitualmente en “Crónicas de una dependienta” y también podéis seguirle en su Facebook.   

¡Macetas “ricas, ricas”!

De un pollo a la plancha de dieta a una delicia digna de “masterchef” muchas veces hay poca diferencia: un buen aceite de oliva virgen, un buen acompañamiento (aunque sean unas simples verduritas a la plancha) o, una pizca de hierbas aromáticas frescas. Una brizna de tomillo y romero, o un ligera salsa de yogur y menta puede ser el detalle que haga que el dichoso pollo o pescado de la cena se conviertan en un manjar.

Si buscáis por la cocina casi todos tendremos varias especias, que también son de gran ayuda para estos menesteres, y alguna hierba seca como el famoso bote de orégano que hace que todo sepa a pizza, pero ahora hablamos de hierbas frescas y verdes. Es cierto que en muchos súpers ya las venden en bandejas “recién cortadas” (ejem) e incluso en tubo (ejem, ejem), pero en ningún caso es comparable a usar las que acabas de recoger de tu ventana, por el gusto y, no nos engañemos, por el precio.

Muchos habéis comentado que claro, vosotros no tenéis jardín o terraza donde tener un huerto urbano, pero la mayoría seguro que tenéis alguna ventana y no hace falta ni siquiera que tenga sol, con luz es suficiente, eso sí, tiene que ser bastante o mucha luz.

Hay un montón de hierbas aromáticas (y medicinales en la mayoría de los casos) que podemos cultivar en casa sin demasiadas preocupaciones y, como siempre, tenemos la opción de comprar ya la planta o sembrar la semilla. En el caso de las aromáticas la semilla se siembra directamente en maceta o tierra, no hace falta que preparemos planteles.

Personalmente, esta vez he decidido optar por este último sistema y he sembrado varias plantas diferentes en estas macetas colgantes tan monas (y baratas) del Ikea. Las semillas las compré de oferta en un centro de bricolaje, y sí, podrían ser todas ecológicas, pero es lo que había. La tierra o sustrato que he utilizado es uno estándar de los que podéis comprar en cualquier parte.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Cebollino, menta, albahaca púrpura y manzanilla. Albahaca, orégano, tomillo y lavanda.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo:

Cebollino, menta, albahaca púrpura y manzanilla.

Albahaca, orégano, tomillo y lavanda.

Si decidís sembrar no enterréis mucho las semillas, no compactéis mucho la tierra y mantenedla húmeda sin encharcarla, sobre todo los primeros días para favorecer la germinación y mientras se forma la plantita. A partir de aquí esperaremos a que la naturaleza siga su curso y si sale rana, saldremos corriendo al garden a comprar las plantas, pero ya veréis como no hará falta! 🙂

Sea cual sea vuestra opción hay varias cosas a tener en cuenta. La primera, cualquier planta en maceta necesita más riego que en tierra, la explicación es fácil, a menos tierra menos capacidad de retener la humedad y antes se evaporará el agua por efecto del calor. Sé que muchos habréis escuchado que las plantas aromáticas de clima mediterráneo no necesitan casi agua, eso es cierto a medias. Quizás las que vivan en medio de un secarral no tengan otro remedio y se adapten y además puedan hacer crecer sus raíces para conseguir el agua a más profundidad, pero no es el caso de las que compramos, que vienen de un invernadero donde las regaban cada día y que no pueden ir a buscar agua a ninguna parte.

La mejor forma de ver si la planta necesita agua o no es probar con un dedo si debajo de la primera capa la tierra está húmeda. Si es así mejor os esperáis al día siguiente porque si regáis demasiado corréis el riesgo de que se pudran o incluso de “llamar” a nuestro peor enemigo, las plagas.

Pese que las plantas aromáticas no son la primera preferencia de pulgones ni otros insectos cabe la posibilidad de que alguno ataque vuestras plantas. Si la cosa no es muy grave y podéis controlarlo quitando las hojas infestadas o eliminando alguna planta en concreto, mejor. Si solo queda la opción del insecticida, por favor, pensad en que os vais a comer esa planta y usad uno ecológico y sin riesgo. Aun así esperad como mínimo una semana después de la aplicación para usar las plantas en la cocina. La mayoría de insecticidas tienen especificado el “plazo de seguridad” (los días que hay que esperar para poder ingerir la planta) y si no lo tienen, sospechad, no es que sean inocuos, es que son veneno eterno. Como por experiencia sé que este tema da más de un dolor de cabeza no dudéis en preguntarme y os ayudaré en lo que pueda.

Ah, si compráis las plantas aromáticas ya “creciditas” no olvidéis preguntar si son aptas para el consumo y, aun si os dicen que sí, esperad un plazo de seguridad de una a dos semanas… por si acaso.

Para conseguir unas plantas hermosas y que crezcan no solo a “lo alto”, cuando necesitéis utilizar alguna parte de la planta recortad las puntas de las ramas, de esta forma potenciaréis que la planta ramifique hacia los lados y evitaréis que se espigue y florezca.

Iba a colgar las macetas de unas barras en la pared, pero no me negaréis que aquí quedan monísimas! :)
Iba a colgar las macetas de unas barras en la pared, pero no me negaréis que aquí quedan monísimas! 🙂

Como veréis en las fotos he sembrado tomillo, lavanda, orégano, cebollino, menta, dos tipos de albahaca y manzanilla. Aun me faltaría romero, salvia y cilantro para mi gusto, pero es lo que tenía a mano. Os tengo que reconocer que, además de la que he sembrado hoy, entre los tomates planté varios planteles de albahaca, por un lado porque protegen a las tomateras de plagas y por otra porque en casa somos adictos al pesto. En verano es de lo más normal que haga un bol enorme el fin de semana y que se lo pongamos a todo durante la semana.

La receta original lleva albahaca, aceite de oliva, parmesano rallado, piñones y sal (con variantes de ajo, queso pecorino y pimienta). Como no acostumbro a tener piñones en casa un día me dio por probar a hacerlo con nueces y, sorpresa, nos gustó tanto o más que con piñones y la verdad es que las nueces son mucho más baratas, así que en casa siempre lo hacemos así:

Pesto de nueces.

Ingredientes:

  • Un buen puñado de hojas de albahaca fresca.
  • Un buen puñado de nueces.
  • Un vaso pequeño de aceite de oliva virgen (aprox.).
  • 100 gr. de queso parmesano rallado (aprox).
  • Sal y pimienta al gusto.

Utensilios:

  • Un bol
  • Batidora o robot de cocina

Preparación:

  • Ponemos todos los ingredientes en el bol.
  • Los trituramos hasta conseguir una pasta.
  • Lo probamos y según la textura y el gusto que queramos conseguir le añadimos más aceite o más parmesano y volvemos a batir.
  • Rectificamos de sal y pimienta.
  • Se lo ponemos a la pasta, al pan o a la receta que nos convenga.

¡Rico, rico!

Let’s do it!!!

Si miro a mi alrededor casi todo el mundo que conozco tiene trabajos básicamente mentales o, por llamarlos de algún modo, no-productivos. Quiero decir, hay vendedores, informáticos, economistas o abogados, pero ninguno de nosotros “hace” nada. No creamos. No vemos resultado físico de nuestro esfuerzo más allá de un estado de cuentas o un disco duro lleno. Bueno, vale, y la nómina a final de mes, porque si no… de qué.

Paralelamente, también he ido viendo como nacía un movimiento llamado DIY (Do It Yourself o hazlo tú mismo), como aparecían mil blogs de gente aficionada a la cocina, a las manualidades, a los huertos urbanos, a la jardinería e incluso me parece vislumbrar a mi alrededor un repunte del maquetismo y modelismo. Hay quien lo achaca a la crisis y a la necesidad de ahorrar, por aquello que si te lo haces tú mismo no te lo tienes que comprar. A esos les diría yo que se fuesen a comprar dos ovillos de lana y que luego me lo vuelvan a explicar. Por el precio de dos ovillos de lana me compro cuatro bufandas en los chinos y no las tengo que hacer, pero voy, pago una pasta por mis ovillos de lana super-chunky y me paso dos tardes haciéndome una bufanda mega molona que no me quito ni para dormir y de la que voy proclamando como una idiota “¡mira, la he hecho yo!”.

Lo estáis viendo, ¿verdad? Para mí la asociación causa-efecto está bastante clara: Como personitas necesitamos crear, hacer, construir, necesitamos usar las manos y generar “cosas”, resultados tangibles.

Por otra parte, hacer esto a muchos nos sirve de “freno mental”. Nos ponemos a hacer lo que sea, nos concentramos en cortar cebollas o en darle al martillo y se nos olvida el resto del mundo, dejamos de darle vueltas a los problemas, a las facturas y a los marrones pendientes.

Creo que una de las formas más fáciles de satisfacer esa necesidad está en la cocina. Es accesible, puedes empezar sin tener ni puñetera idea y es muy resultona. Además es doblemente gratificante, sacia la necesidad de crear y nuestra gula. Si además incluye chocolate para más de uno/a puede convertirse en droga terapéutica (legal y sin receta). Si encima la receta es sana y nos permite salir de casa bien desayunados, empieza a parecer mentira de bueno que es ¿verdad? Pues todo este sinfín de ventajas lo podéis conseguir en menos de media hora en la cocina y sin manchar demasiado.

Os propongo hacer unas barritas de avena y plátano para desayunar, que os darán energía para toda la mañana. Encontré la receta en Pinterest y ya las he hecho dos veces. Estas son las que me he zampado hoy:

Vale, sí, creo que las mías llevan más cacao de la cuenta.
Vale, sí, creo que las mías llevan más cacao de la cuenta.

La receta:

Barritas de avena y plátano.

Ingredientes (si todo es bio mejor, claro):

  • 2 ½ tazas de copos de avena
  • ⅓ taza de azúcar moreno (y si es del blanco tampoco va a pasar nada…)
  • 1 cucharadita de levadura
  • 2 cucharaditas de cacao en polvo
  • ¼ cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla (o canela, o lo que os parezca bien)
  • ½ taza de leche de almendras (o de vaca, o de la que tengáis)
  • 1 huevo
  • 3 plátanos muy maduros
  • ¼ taza de mantequilla de cacahuete (o tahini para los que hacéis hummus de vez en cuando)
  • ⅓ taza de pepitas de chocolate.

Utensilios:

  • Una bandeja de unos 20×20 cm
  • Un bol más bien grande
  • Batidora o robot de cocina (o un tenedor y algo de paciencia)

Preparación:

  • Precalentad el horno a 175º. Untad una bandeja con aceite o mantequilla.
  • Mezclad bien todos los ingredientes secos (menos las pepitas de chocolate) en un bol.
  • Aplastad los plátanos (o como hago yo pasadlos por la batidora) y mezclad con el huevo batido y el resto de ingredientes líquidos (puede ser con la batidora también).
  • Mezcladlo todo. ¿Puede ser con la batidora? Excepto si no es un robot de cocina que le podáis poner el accesorio de amasar, mejor que no. Pensad que si lo hacéis con la batidora o con un accesorio cortante pulverizaréis los copos de avena y se convertirían en harina de avena. Y no, no mola.
  • Cuando ya esté todo bien mezclado añadid las pepitas de chocolate, mezclad un poco más, suavemente, y vertedlo en la bandeja.
  • Al horno unos 20 minutos (solo por abajo, a la misma temperatura, la bandeja en el medio del horno).
  • Dejad enfriar bien y cortadlo en porciones. Guardadlo en un tuper con un papel de cocina que absorba la humedad (porque seguro que como sois unos ansias no está frío del todo y condensará).

Si os animáis ya me diréis y si lo vuestro es otra cosa, pues ya me diréis también, que espero ir hablando de muchas cosas por aquí, ¡no solo de recetas de cocina!